Después de maldecir mil veces a esta tecnología que no puede terminar por ser totalmente portátil y después de extraviar este texto en seis ocasiones durante el día de hoy, retomo este esfuerzo de comunicación a través de mi blog, esperando que a usted, mi amable lector, le sea de su agrado.
Luego de intentar infructuosamente publicar este espacio desde mi teléfono celular, finalmente me tuve que rendir y terminar por hacerlo en la computadora, con un feroz robo de horas de sueño, pero ni modo... también de escribir se alimenta el espíritu.
Sin embargo, el tema que abordo en esta madrugada es bastante mundano, por desgracia.
Estamos apenas a mediados de noviembre y veo con espanto y con los pelillos erizados de que los comerciantes, en una mezcla soez de desfachatada y desmedida ambición con una total indolencia por lo que realmente importa, han desdeñado un par de fiestas patrias.
Así, a ojo de buen cubero, uno podría decir: "Caray, ahora sí al profe Alejandro se le terminó de botar la canica", pero no.
Y para muestra de ello, les doy ejemplos.
A las fiestas de Independencia les dieron la extremaunción
No se cumplía ni la primera semana de septiembre cuando en todos los comercios uno podía hallar todo lo referente al Halloween y a esas festividades de... FINALES DE OCTUBRE Y PRINCIPIOS DE NOVIEMBRE en los escaparates de las tiendas y pocos, realmente muy pocos atuendos mexicanos para nuestra fiesta más importante del año.
Ya ni se diga la escasez y la carestía de los productos necesarios para elaborar los platillos favoritos de las familias durante Fiestas Patrias, pero eso sí... abundaban las calabazas anaranjadas huecas, los dulces de todo tipo, los chicles, los adornos de calaveras, brujas, espantos... bueno, hasta Pan de Muerto hubo en septiembre... ¡¿y las fiestas de la Independencia, Apá?!
Una vez pasado el susto de Día de Muertos (ver Halloween, la noche de los que estamos brujas en este mismo blog) y los comerciantes arremeten nuevamente contra el calendario y contra nuestro tiempo y ganas de pasar el tiempo con la familia, con otra andanada de ofensivas mercadológicas y comerciales, pues al estar apenas en la segunda semana de noviembre,a más de un mes de Navidades, y sin decir ahí les va, nos están bombardeando con encendidos de árboles de Navidad por aquí, por allá, por acullá... y una vez más, los regalos, los asuntos mundanos, y hasta el gordito risueño decembrino ya lo desempolvaron para que nos entre el frenesí por las compras ahora que ya se sacaron primero el Buen Fin (de todos tus ahorros en cosas que no necesitas), El Teletón anticipado y recargado y después... todas esas ofertas que te guardan para fin de año pero que son más engañosas que las ofertas de transformación de algunos políticos.
¿Y las Adelitas, los sombrerudos zapatistas, los barbudos Carrancistas, los mancos Obregones y los Dorados de Villa, Amá, onde quedaron?
Ciertamente será el fin de tu ahorro y de tu economía antes de que llegue el final del año
Para colmo, se nos viene un fin de año complicado, con varias reformas políticas atoradas, sin suficiente dinero en el sistema para que todos tengan un poco y con el apetito desmedido de mercadólogos y comerciantes, vamos a tener una cuesta de enero casi imposible. Eso para quienes tienen el privilegio de contar con un empleo, pues los que no lo tenemos, vamos a estar "tantito pior".
No quiero ser aguafiestas ni "pregonero de la Hecatombe" (Carlos Salinas Dixit) pero más vale que nos moderemos ahora con toda esta sarta de tentaciones que nos enviarán los comerciantes para que gastemos nuestro dinero.
También, que no sean abusivos, nuestros héroes nacionales merecen más respeto y más festejo, no tanto ninguneo ni tanto comercio, por favor...
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miércoles, 13 de noviembre de 2013
lunes, 30 de agosto de 2010
Realmente.... ¿Nada que festejar?

Muchos amigos, compañeros de labor y personas muy estimadas por mí y a quienes por cierto respeto profundamente, han colocado imágenes oscuras en lugar de sus avatares y han decidido no festejar el 15 y 16 de septiembre, al señalar con cierto razonamiento justo que por la enorme cantidad de muertes que estamos viviendo por la absurda guerra contra el narcotráfico, las políticas erróneas en el terreno económico y la enorme crisis que estamos atravesando todos los mexicanos nos está llevando a hacerlo aunque sea como una manera de protesta contra el gobierno vigente.
Si bien es cierto que ya sumamos más de 28 mil muertitos por esta lucha sorda, sin ton ni son, sin cuartel y sin una estrategia clara y definida que nos está llevando al infierno, también es cierto que pareciera que en algunas comunidades el narco se ha enseñoreado.
Resulta espeluznante pensar que los chavos repartidores de pizzas ya no se arriesgan a repartir más allá de las 8:00 de la noche en ciudades como Juárez, Torreón y algunos sectores de Monterrey, por miedo a ser asesinados a balazos y luego de que fueron víctimas, ser señalados como narcotraficantes.

Comer taquitos en la calle, ¿un asunto de enorme riesgo?
Además, la crisis económica que sufre cada familia es tan atroz, tan lacerante y tan irritante, que resulta complicadísimo contemplar de donde vamos a salir adelante: los salarios no alcanzan, las exigencias de todo tipo son cada vez mayores y la inflación, aunque dicen que está controlada, lo cierto es que no hay tal... cada vez nos cuesta más la gasolina, los alimentos, los insumos, los útiles escolares, la ropa, etc, etc, etc. (ah, pero eso sí, bajó el jitomate y la cebolla, dirían los sesudos economistas tecnócratas del Banco de México).
Todo esto ha generado un malestar generalizado del que nadie de nosotros podemos escapar. Hasta en las familias acaudaladas hay quejas amargas de la violencia, de la intranquilidad en que se vive y de la falta de dinero que no nos deja ni respirar.
Sin embargo, debo de reconocer que muchos de estos problemas tendrían solución si en vez de quejarnos adoptáramos una actitud revolucionaria, como lo hicieron nuestros antepasados.
Ellos se hartaron que los virreyes y los españoles llegaran a despacharse con manos poderosas la riqueza del país y a la mayoría se los llevara a la trampa y con ello comenzó una lucha armada muy sangrienta, pero que terminó con el yugo español.
Casi un siglo después, un caudillo militar se perpetuó en el poder y con una visión tecnócrata feroz que haría temblar hasta los mismos tecnócratas actuales, modernizó al país, lo puso en el mapa y lo hizo avanzar... a costa de que los ricos se volvieran muy ricos y los pobres se murieran de hambre (¿les suena parecido?) y de allí surgió otra guerra sangrientísima que permitió el nacimiento de las instituciones que nos rigen hoy día.
Pero... ¿qué pasa cuando esas instituciones son rebasadas por su incapacidad, su miopía y su falta de tino en resolver los problemas? Surge otro descontento más, otra protesta o cadena de protestas y... no pasa nada.
Hay muchos que están invitando a no celebrar nada este 15 y 16 de septiembre... pero se nos olvida que aunque los festejos, organizados por el gobierno, ellos NO SON LA PATRIA....
La nación mexicana la formamos todos. Así como para que el narcotráfico triunfe se necesita una organización, lo que necesitamos todos es organizarnos para combatirlos. Así como el gobierno necesita de secretarías, asesores, diputados, senadores y jueces para gobernar, nosotros con nuestros votos somos quienes lo ponemos o los quitamos... Así como los encarecedores se organizan para acaparar un mercado, nosotros podemos organizarnos para no permitir el abuso y obligarlos a bajar sus precios.
Para ello necesitamos algo que no conocemos... trabajar organizadamente y en equipo. Sin embargo, México nunca se ha caracterizado por contar con un poderoso sentido de pertenencia y de grupo, así como identidad de equipo.
En este 15 y 16 de septiembre, amable lector, festejes algo con un pozolito o no festejes nada, al menos te invito a que medites de qué manera te puedes organizar con tus amigos, familiares, vecinos... para comenzar una lucha real, pero con las armas de la razón, de la discusión clara y serena, y de la denuncia cuando haya necesidad de hacerla y con la exigencia para las autoridades para que nos hagan caso.

Un rico pozole... es un lujo, pero creo que lo valgo.
Es tiempo de comenzar una nueva revolución, pero de conciencias, no de balazos. De violencia ya estamos hartos. Una nueva revolución de actitudes, no de que "el gobienro nos resuelva", cuando nosotros tenemos que resolverlos.
Ahora bien, los que festejen, háganlo en familia, en casa, con amigos... pero dejen que el gobierno festeje con sus invitados... Que cada quien festeje a la Patria como quiera, porque a fin de cuentas, la más sufrida aquí es la Madre Patria (abnegada como buena mamá mexicana).
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